El Rey chiquito 2 (Cuento para los más pequeños)

LEE LA PRIMERA PARTE AQUÍ : https://brunotraversa.com/2018/10/23/el-rey-chiquito-1-cuento-para-los-mas-pequenos/

El calor era agobiante, las personas andaban por las calles del pueblo de muy malhumor. Sucede que llevaba mucho tiempo sin llover. Al principio nadie se daba cuenta, lo solucionaban todo con baños en la fuente y bebidas refrescantes. El problema fue cuando ya no se pudo fabricar más “Troks”.
El
Troks era uno de los secretos que tenía el pueblo y una de las grandes razones por la que no existían enfermedades. Nadie recordaba la última vez que alguien había tenido fiebre o un resfriado. La primera vez que se hizo fue por casualidad y ocurrió en la cueva, mucho antes de convertirse en el hogar del Dragón.

Nuestro Rey chiquito antes de convertirse en un prestigioso Rey, era uno más del pueblo. Un pueblo gris, triste. Digamos que pasaba desapercibido por su altura pero lleva una vida normal. Bueno, quizá no podemos decir que es normal vivir en una vieja lata de sardinas, pero para un hombre tan diminuto aquello era una mansión y estaba bien.

A pesar de lo chiquito tenia pensamientos en grande. Deseaba que le prestaran atención, que lo quisieran, que lo vieran de una buena vez. Imaginen lo difícil que era pasar la vida esquivando los zapatos. Imaginen lo que ocurría cuando alguien llevaba los cordones desatados, aquellos se convierten en látigos que el tenia que esquivar a los saltos. No era fácil…

Cuando quería estar tranquilo se escapaba a la inmensa cueva, los sonidos que tenia lo tranquilizaba. Miles de gotitas sonaban golpeando pequeños cristales una y otra vez. El se ponía en una zona elevada donde no había agua, ya que un par de gotas lo complicaría, no sabía nadar.

Una de esas tardes grises y aburridas, salió a dar un caminata y sin darse cuenta terminó en la entrada de la cueva. Una gran bola peluda lo esperaba justo ahí, desde lejos no entendía que clase de animal sería, pero al acercarse descubrió que se trataba de un simple coco que se había descolgado de una flaca y alta palmera. Nuestro hábil Rey lo trepó rápidamente y cuando se encontraba en la cima, el coco, comenzó a girar por la bajada yéndose al fondo de la cueva, el rey chiquito cayó raspándose los codos contra la tierra seca.

Enojado y dolorido, entró para ver a donde había ido a parar. Al final de la cueva, entre la oscuridad un rayo de luz ingresaba por un hueco y justo debajo… el coco.
Nunca había llegado tan al fondo de la cueva y no conocía la zona. Cuando sus ojos se acostumbraron a tanta oscuridad pudo ver que en el techo, crecía una extraña planta llena de pinchos, en la punta de cada pincho nacían las gotas de agua que emitían el sonido que siempre había escuchado.

Se quedó observando la planta que parecía una gran trenza. De pronto, escuchó que algo se quebraba, buscó y encontró. Uno de los filosos pinchos estaba a punto de desprenderse de la planta, Nuestro rey dio unos pasos hacia atrás para no ser lastimado… el pincho se soltó mientras el acompañaba el recorrido con la mirada… ¡Troks!… Se clavó en la bola peluda y se escuchó el líquido mezclándose con el jugo del coco.

El rey chiquito que aún no era rey corrió a ver lo ocurrido, trepó el coco e hizo algo que cambiaría todo para siempre, probó el brebaje. ¡Wow! ¡Delicioso! un jugo de un sabor único. ¿Cual es el sabor que mas te gusta? bueno, mil veces mas rico que ese.

Algo le llamó poderosamente la atención, el dolor por la caída había desaparecido por completo y ya no había rastros de los raspones en su cuerpo, ¿acaso había fabricado un jugo mágico? Decidió contarlo en el pueblo…

Muchos lo ayudaron y por primera vez le prestaron atención. A los dos días ya tenían el fondo de la cueva repleta de cocos, solo había que esperar que los pinchos cayeran, el hombre chiquito había pedido que no dañaran a la planta, simplemente que esperaran que aquella hiciera el jugo por si sola.

Cuando eso ocurrió… ¡Troks! ¡Troks! ¡Troks! ¡Troks!. Todo el pueblo se curó de sus males, eligieron a su primer y único rey y se llenaron de alegría. Desde ese día comenzaron a llamar a aquella mágica cueva, la cueva de los milagros.