Ajedrez de tercer tipo

Cuando Esteban fue abducido en la esquina de 18 y Andes nadie lo notó. Fue en la hora pico del día mas invernal de 2017. Venia caminando desde el Café y Bar Montevideo, donde había almorzado una milanesa en dos panes enchumbada en aceite de tres días.
Se lo habían hecho de gusto ( lo de la “milanga”). Andaba cruzado con la vida y todo el que se le interpusiera quedaba masticando odio. Era un analista del ser humano. Tenía a todos estudiados, con detalles, fotos, y siempre estaba haciendo preguntas fuera de lugar. Era como un niño curioso pero tenia 48 años. De los cuales 40 los había invertido en una especie de investigación autodidacta. Cuando en el barrio moría un vecino el no precisaba que le dijeran el porque se fue, ya lo sabía hace mucho tiempo y en la carpeta con rostro adjunto decía “Probable cáncer de páncreas” de 5 a 6 meses de vida.

Era increíble que un tipo sin mas datos que su curiosidad pudiera recabar tanta información.
Su día comenzaba oyendo las noticias a las 5 de la mañana, luego, exactamente a la hora que el sol salía, el también lo hacía con su libretita de apuntes en la mano. ¿De que vive? se preguntaban los vecinos.
Adoraba molestar a aquellos que se reunían en 18 y convención a jugar al ajedrez, pegado al puesto de diarios de Carlos Ferreri. El tipo, se paraba a un lado de los jugadores y sacaba apuntes. Durante los primeros meses creían que se trataba de un novato del ajedrez que anotaba movimientos, estadísticas etc. Pero luego de que un jueves de poca concurrencia lo invitaron a una partida, descartaron aquella teoría.

Se sentó y movió en diagonal al caballo negro, siete casilleros, paró el reloj, suspiró y se quedó observando. Esteban no tenia ni la mas remota idea de como se jugaba al ajedrez.
Carlos, atónito por aquel movimiento tenia clavada la mirada en el caballo negro que ahora llevaba impresas las huellas dactilares en aceite, ¿Es broma? se preguntaba hacia adentro, no lo era. Mientras esperaba que Carlos jugara, sacó de su viejo morral un paquete de papas fritas, esas nuevas sabor huevo frito, y mastico, haciendo ruido, mucho ruido. Cuando finalizó llevo nuevamente su mano derecha al morral y de allí extrajo una cantimplora. Bebió unos sorbos y quiso convidarle a su rival. Carlos dijo que no sacudiendo lentamente su cabeza a ambos lados.
Alrededor de los dos hombres una decena de personas se agolpaban para ver. Era el turno del diariero, le iba a perdonar aquel movimiento erróneo, así que tomó el blanco peón para hacer su jugada cuando Esteban dijo sin titubeos:
-Así que se va…

La cara de Carlos se desfiguró y el murmullo de quienes los rodeaban se hacía oír, nadie lo sabía.

-¿Como se enteró? -Preguntó el diariero-

-Yo se todo -dijo mostrando la libreta-

Se miraron fijo sosteniendo la mirada, mucho tiempo, tres minutos, ¡Track! hizo el reloj. El tiempo se le había agotado al diariero y eso lo declaraba perdedor de la partida.
Luego de cientos de pruebas y análisis los extraterrestres enviaron a Esteban de vuelta a la tierra no sin antes recomendarle bajar su colesterol.

Bruno Traversa

 

Relato inspirado en la noticia : Diario El Pais

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