De la planta

-¿Vos porque no probaste las que hace mi vieja? me dijo un conocido.

Cuando amanecía se arrimaba al cordón de la vereda para observar entre las hojas acumuladas como se despertaba el barrio. Solo el sabía que aquello alguna vez había sido un terreno descampado. Hoy había brotado y no de semillas sino de sus sueños.

Los Miércoles, con su perro por delante, a las 8 de la mañana, caminaban rumbo al galpón. Aquel peludo fiel había descubierto en sus primeros pasos que por aquel tipo daría la vida. El hombre tomaba su bicicleta destartalada color azul brillante y de tiro la llevaba hasta la reja sin tranca. Una rueda siempre descentrada y el foco cónico a dinamo que solo era para pinta, ya que todos sabemos que si el engranaje se apoya a la rueda la bici se vuelve mas pesada. Igual, el no salía por las noches.

Dando pedal, con la “chismosa” colgando del lado derecho del manubrio y regalando sus buenos modales a cada vecino que se cruzara avanzaba sus veinte cuadras para comprar el almuerzo. No había quien no lo conociera y probablemente si nunca había intercambiado palabra con el, había oído hablar de el.

Al retornar, siempre paraba por la barraca porque alguna cosa tenía que reparar. Era un adelantado. En la época en que la mujer tenía que estar metida en la cocina el rompía todos los esquemas, ya que se había ganado por imposición y por placer el título de Chef de la familia. Vivía para su reina, pero mas para sus hijos y nietos. Al menos así me lo hacia sentir.

Me bato a duelo con aquel que se anime a decir que la magia no existe. Las tardes de mis veranos tenían magia gracias a ese señor. Un terreno baldío podía transformarse en una expedición en la que buscábamos no se que monstruo y donde estaba todo tan planeado que su perro era un actor mas de aquella película. Paseos interminables por el puerto imaginando historias de barcos.

En el fondo de su casa el mundo de la fundición donde preparaba cientos de “piezas” para no se que empresa, descubrí que en mi niñez ya lo hacía mas que nada por placer. Un día me hizo uno de los regalos mas entretenidos, y eso que tuve de todo y no me puedo quejar. Pero me regalo una carretilla. Real, de metal. mas chica que la que llevan los adultos. Pasé los días cargando piedras y tierra. Aquel juguete te daba una especie de libertad que jamás había experimentado.

Era verdaderamente un adelantado, hoy que los mejores restaurantes del mundo tienen una carta acotada el utilizaba ese método en los 80. Guisos, Ensopados, Pastel de carne, Papas, Pollo al horno y…

Los miércoles yo amaba despertar y sentir en la cocina el movimiento, pan rallado, huevo, carne y la radio informando de fondo. Le hacia compañía y lo observaba mientras charlábamos. Entiendo que quizás para usted las de su familia sean las mas deliciosas pero déjeme advertirle que lo de este hombre no era nada fácil de superar y es por eso que adjunto su receta que no quiero sea secreta ya invertí varios años de mi vida para obtenerla.

Los Miércoles mi abuelo hacía las mejores milanesas del mundo. De mi mundo.

Receta de las mejores milanesas del mundo.

Ingredientes:

-Pedalear hasta la carnicería de confianza (Mínimo 15 cuadras de distancia)

-Carne

-Huevos

-Pan Rallado

-Sal

-Infancia maravillosa

-Magia

-Libertad

-Amor

Acompañamiento

-Un gran tipo.

Preparación.

-Observe y disfrute, se puede estar perdiendo un recuerdo hermoso.

A la memoria de mi abuelo Don Coco.