Papá ¿Cómo nacen los bebés?

Años que la espero.
Con el alma agazapada, con esa mezcla de experiencia forjada en ambas orillas, años…
Sin darme cuenta avancé preparándome cada día de mi vida como si fuera uno de los “Iguales” del ejército Espartano. Sabía que el día que aquella pregunta saliera de la boca de Martina, lo haría con la forma de una daga de 50 cm de hoja, viajaría en una milésima de segundo y si la respuesta no comenzaba a aparecer al instante se empezaría a caer el imperio que uno puede construir en base a seguridad y confianza. Creí fervientemente en mis palabras, esas que ya había lanzado una decena de veces “A Papá podes preguntarle todo, siempre”.
Tendría dos caminos, dos planes, el A y el B. Mentalmente durante mucho tiempo había seleccionado la primera opción “Preguntale a la abuela”. No era que estaba escapándome, para nada, si al fin y al cabo la abuela tenía colgado un bonito titulo que decía “Licenciada en Sexualidad Humana”. Seamos sinceros, ¿Quién mejor que ella? Sería sencillo, era solo mandarla con la abuela y después comenzar otra actividad, como un ¿“Vamos a dibujar?” y probablemente mientras no visitáramos a la “abu” ella seguiría preguntando y preguntando y los dibujos derivarían a Barbies embarazadas, y me vi dibujando partes íntimas para explicarle por medio de dibujos como era “el asunto” hasta llegar a ilustrar el niño flotando en líquido amniótico y como nunca pude dibujar ni la clásica casita con la chimenea probablemente aquel bebé me quedaría como un moco largo estirado, una especie de alien gelatinoso. Luego martina debería realizar años de terapia para un día en su adultez animarse a ser madre y… descarté el plan A.

Plan B. El humor, la diversión, el padre “crack” “ Campeón de la vida” que te explica de forma tal que te queda re clarito que el hombre viene con pene y la mujer con vagina. Que luego de mucho amor y pajaritos de colores, se arma una carrera de espermatozoides llevando casco (porque es una carrera bastante complicada) hasta alcanzar el objetivo y ¡Pum! ¡9 meses y ta taaan! No. Descartado.

Probablemente cuando ese momento llegara me agarraría completamente desprevenido, como siempre me pasa, era un problema. Porque cuando eso me ocurre por lo general suelo ser muy directo, demasiado directo y puede resultar traumático.

Pasaron sus cinco, seis, siete años y la situación empezaba a desesperarme. Estaba completamente preso del tiempo. Hasta que no preguntara yo viviría agazapado y a la espera. Así que decidí generar esa pregunta. Cometí uno de los delitos que todo padre debe cometer en algún momento y es dejar que nuestros hijos rompan algunas reglas. Por ejemplo, ver juntos películas o series para una edad mayor que la que tiene en este caso Martina. Algo para adolescentes. Sabemos que hay una alta probabilidad que en alguna escena perdida los protagonistas se enrosquen en un manojo de besos, se metan en la cama y den el disparador para hablar del tema. ¡Que alguien me tire un centro por favor!
Y así ocurrió. Pero no fue en la primera ni la segunda película ni serie. Tuve que intentar varias veces hasta que un día sucedió.
El un hombre lobo, ella su compañera de clase. ¿Que esperaban? ¿Que me sentara a ver 9 semanas y media con mi hija? ¡A usted lector debería darle vergüenza!.
La hormonas de aquel Lobo adolescente explotaron cuando la bonita señorita pasó la noche junto a él en un cabaña con poca luz. Cuando la escena finalizó tire un:

-Uh ahora capaz ella queda embarazada…

Claramente a Miti no le importó y la serie siguió como si nada.
Cuando aquel capítulo hubo finalizado, mientras levantaba un repasador que tenía por el suelo y que habíamos utilizado para merendar, me adelanté (no se a que) y pregunté muy suelto de cuerpo y sin ningún tipo de filtros.

-Che Miti, ¿Vos sabes como se hacen los bebes?

Me la había jugado, con todo, había mandado en unos dos segundos a todo el equipo arriba (incluido al arquero) para buscar el gol de la victoria o como Diego y el Cani en aquella escapada memorable para ver derrotado a Taffarel en el 90.
Me la había jugado, había levantado la mano para responder la pregunta más rebuscada del profesor frente a toda la clase, había decidido ser el kamikaze del escuadrón y ya no estaba a la espera. Ya no era el Espartano agazapado sino el que había lanzado la daga.

La respuesta fue instantánea pero aseguro que tuve una serie de micro infartos en la espera.

-No- Contestó demostrando poco interés en los que ocurría a la vez que agarraba su tablet para iniciar el juego ese de vestir a las princesas… y fue ahí que me cayó la ficha.

Probablemente mientras yo la esperaba para responder , ¿Como nacen los bebes? Martina ya se lo había preguntado a la Internet.

Bruno Traversa