Odio el color Naranja

La relación mas complicada que tuve y tengo en mi vida, no es con un ser humano sino con un color. Odio el color Naranja. Lo detesto.
Aquellos que me conocen saben que hace bastante tiempo dedico gran parte de las horas a las regresiones, al mejor estilo Brian Weiss. Luego de ver pasar a tantas personas por mi sofá y de conocer centenares de historias fantásticas y de las otras; me siento completamente capaz de afirmar que mi problema nace en mi infancia.
Fin de año. En una de las ultimas hojas del cuaderno, pegada con dos gotitas de “boligoma” la tarjetita que avisa del “Desfile del Jardin Sagrado Corazón de Jesús” de DockSud, Provincia de Buenos Aires. Como siempre la propuesta se repetía, los niños y acompañantes que deseen desfilar deberán asistir disfrazados. Cuando decían “acompañantes” se referían a familiares que se animaran a hacer el ridículo frente a los vecinos del barrio. Claro, porque el desfile no era interno, en un salón, o en el patio del recreo al costado del arenero. El desfile era por el barrio.
En una familia medianamente normal, la tarjetita pasaba casi desapercibida. O sea, los papás la leían, disfrazaban al hijo/a y fin del asunto. No recuerdo que edad tenia por aquel entonces pero era capaz de darme cuenta a quien contarle que cosa. Mi vieja me retiró del Jardín sin escuchar que la “Seño” le decía a otra madre del desfile. Levanté mi vocecita pidiéndole una galletita tita del almacén de enfrente para tapar el dialogo. En la tarde noche mi viejo llego a casa y cometí un error grande, le arrimé la tajetita que ya me había encargado de arrancar del cuaderno para no dejar rastros. Pensé que si la veía el, me diría “ponete lo que quieras y yo te llevo al jardín”, complicidad pura.
Eso no fue lo que sucedió, fue la primera de las dos veces que mi viejo me falló.
-¡Mirá Ramona! -Así le decía a mi vieja, por el segundo nombre, había nacido el día San Ramón, pobre
– ¡Esto es para vos! -olvidé que a Traversa le encantaba la locura de Quela-
Gladys se arrimó a ver la tarjetita mientras yo realizaba el acto del boludito que no sabe nada, me puse a ver las figuritas repetidas del álbum del Chavo.
-¡Ah! que bien Brunil , ¡nos tendremos que disfrazar! ¡voy de Mama Margarita!
Seh, dijo “Nos”.
Ella tenía elegido su disfraz porque lo iba a repetir, resulta ser que (está es la anécdota más contada por ella a toda la familia en toda mi fucking vida) en 1986 yo tenía dos años y mi vieja me hizo debutar como actor en el Coliseo. Me plantó arriba del escenario, de pañales, a hacer nada mas que acto de presencia. Ella interpretaba a “mama Margarita” y yo a Gioanin (San Juan Bosco en su infancia), mi viejo en la platea tomaba fotos. Resultó ser que en el momento dramático de la muerte del padre de Gioanin yo ya estaba medio embolado de estar sobre el escenario y veo a mi viejo (real) sacando fotos y decido que es momento de irme con el; que ya estaba de seguirle el juego a mi vieja y comienzo a gritar rompiendo en un llanto desgarrador. Ah si, cuando lloro es así, dejando el alma. Soy dramático por parte de madre.
-¡Papaaaa papaaaaa!
Los espectadores creyeron que era parte de la actuación y algunos me acompañaban llorando con la escena dramática. Debería reclamar un Martin Fierro o similar…
Volviendo al tema, Ramona, Quela, Gladys, mi vieja, iría disfrazada de Mama Margarita. Una dulce abuelita, muy bonita ella. El asunto fue que pasaron cuatro días y nunca se hablo de mi disfraz.
Un niño de jardín ¿con que podía soñar? en aquel tiempo los dibujitos que se veían al regresar a casa eran los Thundercats. En los recreos cuando podíamos ir al arenero, siempre y cuando no hubiera llovido el dia anterior, mis amigos dejaban que yo llegara al gran cofre de madera primero para que agarrara la pala mas grande de todas, una de plástico verde, que velozmente se transformaba en la espada de Leono, el principal de los thundercats.
No pedía mucho, mínimo, una vez en mi vida merecía ser Leono en el desfile de fin de año, por mérito, insistencia, etc. Pero al parecer mamá tenía otros planes para mi.
Claro, ¿como no me di cuenta antes? Ramona buscaría algo mas tradicional porque ella no sabía de los Thundercats, seguramente ya me estaba preparando un espectacular traje de Batman, o porque no de Superman, ¡excelente! ¡seria excelente!
La tarde anterior al desfile ella llegó velozmente del trabajo con dos cartulinas naranja y papel crepé verde debajo del brazo. ¿Los calzoncillos de Superman eran Naranja? ¿Batman 1986 habia cambiado su traje? Bueno, a no desesperar, las madres todo lo saben y confiaría en ella hasta el último momento, después de todo el traje de “Acuamán” podía andar bien.
Otro año que se esfumaba mi idea de ser Leono.
Cuando la vieja está inspirada funciona muy bien. En minutos destrozó la cartulina naranja en una especie de triángulos, tijera por aquí y allá, chorretes de boligoma, engrampadora… y guardó todo para el otro día, no me contó nada. ¡Que grande mi vieja con una sorpresa hasta el último momento! .
Al otro día, el desfile. Cielo despejado, sol brillante, una tarde hermosa, para que el barrio entero saliera a la vereda y entre aplausos y música nos viera.
¿Quien diría no? algo que me quedaría para siempre grabado por culpa de una foto. La imagen con la que tendría que cargar por siempre, realmente no se como redactar esta parte, creo que lo mejor…es que ustedes observen los detalles y las miradas de compañeros atrás caracterizados como Batman, un futbolista, un indio.
Odio el color Naranja.
Esa tarde, desfiló Mama Margarita… con una Zanahoria.
Somos nuestra infancia” “La memoria se fija en la niñez y nos da identidad”
 
Bruno Traversa

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