Los tiempos del amor

Estoy en el Buquebus. Tendría que haber zarpado hace unos 30 minutos pero al parecer una señora se sentía mal y la estamos esperando. No sé de quien se trata pero imagino cosas como que es la reina de Inglaterra, o Mirtha porque siempre es MIRTHA.
Vuelvo de un hermoso fin de semana romántico. No por mí, sino por una pareja de amigos que se casaron y espero sean los más felices del mundo.
Argentina queda ahí agazapada. Hermosa, enamorada. La esperanza de los cambios trae eso. Un puñado enorme de personas que esperan al diez de diciembre con mariposas en la panza y otros que desconfían de ese amor. 
Y yo acá. Viendo por la ventana como el sol desaparece aunque al costado mío, dos veteranos, quieran encenderlo.

-¿Sos soltera? -dice el, despatarrado sobre el asiento-

-Divorciada ¿y vos? -Contesta ella y avanza rápidamente sin vueltas-

-Soltero, nunca me casé -Sonríe de lado mostrando que a él nunca lo engancharon-

-Te paso mi teléfono y cuando vengas me llamás -Ella no pierde el tiempo, es clara y no oculta nada. Ni siquiera las canas que se camuflan entre sus cabellos negros.

-Dale. Pero cuando me escribas decime…soy la del barco.

-¡Bárbaro!

Suspiro y pienso que si fueran mis vecinos… hoy mismo cancelo Netflix. 

Bruno Traversa

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