Etiquetas

Nunca me pareció romántico utilizar frases, poemas, pensamientos dirigidos a la luna. Tampoco la rosa. Hasta diría que siento rechazo. No por la flor en si, sino por el “abuso” de utilizarla para demostrar el amor con sus pétalos y color o desamor con sus espinas. Son cosas que no me transmiten romanticismo; lo lamento Sandro y tantos otros. Pero hace algún tiempo descubrí qué hay un tipo de “pluma” de la que estoy profundamente enamorado. El/la escritor/a de etiquetas de vinos.

En breves oraciones es capaz de llevarme a un mundo mágico donde la uva pisada se transforma en un conjunto de palabras que son capaces de ingresar por ojos, nariz y boca. “Vino de color rubí. Aroma de frutas negras, pimiento rojo, vainilla y chocolate. En boca se presenta con mediana estructura, de taninos maduros y sabor duradero.” ¡Fah! ¡Písame y decime Cabernet Sauvignon!. Perdón, me emocioné. 

Cuando las leo, imagino a ese escritor de barba blanca tupida, copa de cristal en mano, caminando por un muelle mientras el sol le golpea el rostro haciendo brillar el semblante de un viejo marino. Otras veces la pienso escritora, con el rostro de Meryl Streep, tendida en el sofá; dejando entrar en los labios agrietados el sabor penetrante custodiada por el celoso decantador desde la mesa ratona. 

“Bonito color granate oscuro, limpio y brillante, con unos ribetes rojizos. Olor con notas de cerezas y frutas del bosque, uva fresca y atisbo de madera. Sabor sedoso, con notas lácteas y tostadas”.

“El vino siembra poesía en los corazones.” Decía Dante Alighieri. Permítame discrepar maestro, son las etiquetas las únicas culpables. “Me gustaría ser todo de vino y beberme yo mismo” diría Federico García Lorca. “Me gustaría ser una etiqueta de vino para leerme” diría yo.

Algo así como “Suave, color añil intenso, con hebras violáceas. Aroma a pan tostado horneado por la abuela más dulce. En boca y el alma, sensación y sabor a primer beso con el amor de tu vida.”.

Me declaro fanático de los escritores de etiquetas de vino. Son mágicas. O quizá el secreto sea que siempre las leo cuando mi copa ya se encuentra vacía.

Bruno Traversa

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