En la red de un amor

Ella, sentada a los pies de la cama, con sus manos en las rodillas, lo esperaba como cada día, misma hora, mismo lugar. El, ingresaba en la habitación quitándose el sobretodo gris y colgándolo sobre el perchero oxidado. Llevaba el rostro mojado por la lluvia, los ojos por la vida. Ella hundía su dedo anular de la mano derecha en la media de red, estirándola. El se sentó a su lado, suspiró para inundar el alma de recuerdos y dijo:
-Hoy pasó de todo en la oficina, ¿recordás el nuevo?, bueno, hoy casi incendia todo. Lo mandaron hacer café, colocó la jarra sin poner agua en ella, a los diez minutos era todo una nube de humo, ¡Pobre! No sabía donde meterse, saltaron las alarmas y nadie tenía las indicaciones para desactivarla. Pasé por la universidad a ver a Erika, ¡Como ha crecido nuestra niña!, se sorprendió al verme, estaba con el chico ese…no me parece tan malo ahora que ya ha pasado el tiempo, sólo tenía que acostumbrarme a su presencia. Creo que voy a dejarlo entrar a casa.-

Ella seguía con su dedo entre la media, moviéndolo lentamente y escuchando atenta, esbozando sonrisas si ameritaba, el continuó
-Ya pagué las cuentas, bueno, no todas, aún me falta pagarle a los del cable, 735 canales se jactan de tener en la grilla. Por más que ni se miren y aunque repitan siempre las mismas películas no quiero dejar de pagar, es una compañía tener su sonido.
Hizo una pausa extensa, fueron varios minutos que ella no interrumpiría jamás.
-¿Hace cuánto que no vamos al cine ? Cuándo venía vi que estaban estrenando una romántica de esas que te gustan a vos, las que terminan con todos los protagonistas felices.-
Ella con sus labios explotando en rouge, sonrió, y lo enlazó con sus brazos, fueron diez minutos, sabía el tiempo justo que precisaba.
-Son $300 -dijo mientras le secaba una lágrima-
El abandonaba la triste habitación como cada día, nunca se había acostumbrado a la desaparición de su mujer en aquel fatídico accidente y en la puta del pueblo, encontraba su consuelo.
Bruno Traversa
 

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