Alisha va

Cuando Alisha era llevada por el corredor de la muerte pensó en pedirle a los dioses que le otorgaran llegar a la luz divina en ese momento, sin trámites ni aduanas, sin presentar el pasaporte; nadie la escucharía.

La incandescencia de las velas la acompañaban al igual que aquellos dos hombres llenos de júbilo. Diecinueve años esperando y el día había llegado. No tenía escapatoria. Sin nada en los pies, ni en su estómago, afrontaba el largo camino. A cada paso soltaba, desde su mente, pecados de otros tiempos. Recordaba a su abuela quien no había podido soportar la idea de la opresión y en la triste habitación se dejó morir.

Alisha pensó en cada uno de los errores cometidos y no encontró alguno de tamaña gravedad como para estar en aquel lugar.
Robó un par de veces cuando tenía siete años, frutas del mercado, pero no fue más que una travesura en la que comprobó que el mango es deliciosamente dulce si no se paga. Su hermano mayor, que por aquel entonces tenía diez años, había sido cómplice de los actos vandálicos y, sin embargo, no había corrido el mismo destino.

– ¡Es injusto! – Pensó – mientras tropezaba con una hendidura en el suelo.

El hombre de la izquierda reaccionó rápidamente y la tomó del brazo. Alisha se había salvado de ser ridiculizada en el momento del final.
Una cincuentena de espectadores tendría la función que tanto esperaban. Se precisaban testigos para el evento. Ella se sintió rodeada por una manada de hienas risueñas, mezcla de nerviosismo y ansiedad. Dio otro paso y advirtió cómo se le hubiese complicado si tuviera opción de elegir el final. No era muy amiga de la electricidad así que la silla eléctrica se descartaba al instante. La inyección letal seguramente era la mejor opción, aunque desde niña le tenía fobia a las agujas cuando había contraído pénfigo.

Cuando todo se iluminó, su rostro también lo hizo, quedando completamente al descubierto. Cejas delgadas acompañaban sus ojos ceniza, brillantes, húmedos que soltaban una lágrima fina e imperceptible sobre sus pómulos anchos y resaltados. Sus labios carnosos dejaban asomar una muralla de marfil impenetrable. El pelo lacio le caía de lado acariciando por delante su seno derecho. Alisha era hermosa, era lluvia, no de la que te refugias, sino en la que bailas. Ese era el pecado mayor que debía cargar.

Observó algunas caras y entre la multitud lo divisó a él. Fue en ese entonces que la fina lágrima que descolgaba se hizo un río bravo. Él cargaba con dolor en su mirada. Ambos tuvieron una decena de flashes, eran los mismos. Sobre la mesa viendo un florero hacerse añicos, en la oscuridad del altillo, un callejón de Jaisalmer, la tienda de alfombras, a orillas del Ganges en Benarés… Se habían amado durante un año.

Ella corrió lentamente la mirada y a no más de diez centímetros al lado de él descubrió su destino, el comienzo del final. Su futuro marido la esperaba para concretar el acuerdo de boda que habían cerrado las familias.

(Relato breve escrito durante nuestro viaje por la India)

Bruno Traversa

2 thoughts on “Alisha va

  1. Muy buen relato, era con ser una observadora en el espacio donde se desarrollaba el cuento. Son culturas milenarias donde la voluntad del otro no cuenta, en particular la de la mujer. Gracias, me gusto.

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